«Realiza a fondo la obra que Me es grata y que te beneficia, la obra de amistad que prepara Mi Casa. Reúne imágenes de amor. Amando, comprenderás la mejor manera de adornar Mi Casa.
Pregunta al espíritu qué cosas son adecuadas para ella. La veneración te inspirará para manifestar la belleza de la pura Morada. Vuestro trabajo es como una flor. No aceptaré ninguna ofrenda, pero te daré el ciento por uno”. [1]

Así comenzamos esta reflexión etimosófica [2] sobre la inspiración, porque el pasaje nos salta al corazón del tema:
«Pregunta al espíritu […] la veneración te inspirará […]».
Esencialmente, la inspiración es la respuesta a una pregunta que hacemos al espíritu.
La inspiración es un tema delicado, porque, en su sentido habitual, tiene un halo evanescente que impregna diversos campos, desde el impalpable presentimiento personal hasta la influencia soberana en el arte y también es un concepto muy poderoso, porque su aliento puede elevarse a la resonancia con la Realidad divina.
Para intentar captar su aroma, empecemos por el étimo.
La forma actual deriva de las más antiguas “inspiratio” y “spirazione”, que proceden del latín inspiratio, ‘aliento’, y, en sentido figurado, ‘inspiración’, que se origina en el verbo inspirare, con valores transitivos e intransitivos: inhalar, respirar profundamente, hacer sonar (de un instrumento de viento), inspirar, infundir. Este verbo se compone de la preposición in, que indica el estado en lugar, estar “en”, y del verbo spiro, soplar, respirar, pulsar de las venas, vivir, aspirar a algo. Spiro deriva de la raíz indoeuropea *SPA-/*SPU-, que expresa precisamente la idea de soplar con fuerza, con el cambio de U por I. Del mismo étimo procede el sustantivo “espíritu”, del latín spiritus, soplo, aire, brisa, aliento, vida, principio vital, sonido, voz, espíritu como “aliento de Dios” y, en sentido figurado, también inspiración.
El spiritus latino, con su miríada de significados de los que aquí solo se han citado los más relevantes, expresa el poder omnipresente de este concepto.
Por tanto, según el étimo, inspiración significa estar impregnado por el soplo del espíritu: al igual que el pasaje del Agni Yoga antes citado, la etimología nos devuelve a la poderosa esencia de la palabra.
Viene a la mente el pasaje del Evangelio de Juan, que en la versión latina también manifiesta sonoramente la identificación entre el soplo del viento y el soplo del espíritu:
«El viento (spiritus) sopla (spirat) donde quiere, y oís su voz, pero no sabéis de dónde viene ni a dónde va: así es el que ha nacido del Espíritu (ex Spiritu)»[3].
Estas son las palabras que Cristo dirige a Nicodemo, un jefe de los judíos que acude a él por la noche, fascinado y al mismo tiempo dubitativo, para hacerle preguntas: Cristo le habla de la necesidad de un renacimiento del espíritu asociándolo a la voz, a la imponderabilidad, al poder y a la libertad del soplo del viento.
La escultura de Miguel Ángel aquí representada nos muestra a Nicodemo mientras, con María y Magdalena, desciende de la cruz el cuerpo de Cristo: el escultor se identifica con él, dándole sus propios rasgos.
[…] Una obra laboriosa, rara en una piedra y verdaderamente divina […], la definió Giorgio Vasari en su Vita di Michelangelo, en 1550, apreciación que sigue compartiendo hoy Timothy Verdon, director del Museo dell’Opera del Duomo de Florencia, quien ha dicho recientemente: si bien hoy se habla de ella, como de otras esculturas de Buonarroti, como «obra inacabada», el término que mejor se le aplica es quizá el del siglo XVI, cuando aún se la llamaba «obra infinita».
Esta escultura, la llamada «Piedad Bandini», nos proyecta en el mundo del arte: de este mundo hablaremos aquí de pasada, ya que se sabe que es la patria reconocida de la inspiración.
Además, en estas páginas del año en curso celebramos precisamente, en resonancia con la Meta 6.4 de la Tabla del Plan, «Religiosidad y comunión inteligente del Arte», a las Musas, Sustancia viva de la Tríada espiritual, reconocidas por los griegos que las reconocieron y nombraron, y en cualquier caso honradas por todos los pueblos.
En este contexto, nos parece digna de mención una observación que asocia el étimo de «Mnemosine», madre de las Musas, una vez más con un soplo, en este caso con el «Aliento Vital de las Aguas», como escribe el lingüista Rendich: «En la primera lengua indoeuropea, la consonante n era el símbolo del agua. Con ella se construyó la raíz verbal an «que inicia [a] el aliento vital de las Aguas [n], es decir “respirar”. Según los indoeuropeos, el hombre, al respirar [an], exhalaba la energía vital traída a la tierra por las Aguas cósmicas, consideradas «madres» … y generadoras de todas las cosas móviles e inmóviles de la creación». Baste decir, a este respecto, que el verbo sánscrito jan [j (energía que viene) + an], “generar” se compone con la raíz an, al igual que la palabra griega genos y la latina genus, que significa “nacimiento”. [4]
De la raíz indoeuropea *MAN-, en la que el sonido inicial m, prefijado a an, expresa la idea de relación, surgieron en sánscrito el verbo man, pensar, el sustantivo muni, inspirado, vidente, y los términos griegos Mnemosine, madre de las Musas, la memoria, manía, el pensamiento expresado por la divinidad, manteia, el arte de la adivinación.
El étimo de la Madre de las Musas nos remite así a un pensamiento inspirado por el soplo de las Esferas superiores, generadoras de vida.
También podemos observar que el sonido SP de espíritu nos remite a un Origen masculino, activo, en el que la p (recordemos el término griego pyr, “fuego”) representa simbólicamente el fuego del Padre, mientras que el sonido MAN de Mnemosine nos remite a un Origen femenino, a las aguas de la Madre: los dos sonidos están unificados por la idea de un soplo vital generador, un impulso a la creatividad, una corriente poderosa que nos pone en contacto con los Principios superiores que equilibran el cosmos.
Como ya se ha relatado en estas páginas en el Prólogo al texto La Academia de las Musas, es con una invocación a ellas, divinidades olímpicas, hijas de Zeus y Mnemosyne, que Homero buscó inspiración para el canto poético primordial de nuestra cultura.
Es primordial señalar que, en la tradición antigua, las Musas presidían todas las esferas del pensamiento: no solo las múltiples expresiones que hoy llamamos artísticas, sino también la investigación histórica, matemática, astronómica, todo el mundo del Pensamiento y sus expresiones. Su poderosa característica era ser un coro, en el que cada una, en función de la necesidad de una intervención específica, asumía por turno el papel más relevante. Así, por ejemplo, también se sintió inspirado por ellas el filósofo Heráclito, en el siglo VI a. C., de quien Diógenes Laërtius, en su colección de Vidas de los Filósofos, relata su feroz indignación ante la incomprensión de sus contemporáneos: Heráclito soy yo. ¿Por qué me tenéis de aquí para allá, vosotros que no habéis sido tocados por la gracia de las Musas? Mi obra no es para vosotros, sino para los que me entienden.
El arte y la ciencia, originalmente unidos, con el tiempo se han separado, perseguido, entrelazado, a través de magníficos exponentes y humildes buscadores, juntos en el umbral del misterio, y hoy sienten, al menos en algunos, que su corriente inspiradora común, trascendiendo el terreno racional, surge en la tensión de la investigación, en la imaginación creadora, en la apertura al infinito, en la intuición, que es el conocimiento directo de las ideas inspiradas desde lo Alto y comprendidas por la mente iluminada.
Queriendo ahora referirnos a la «inspiración», de una manera más metódica, en el proceso de la evolución de la conciencia, vemos que es una palabra clave utilizada por las Enseñanzas esotéricas para indicar la conexión con el trabajo estimulante de la Jerarquía y, en particular, el camino final del discipulado.
En Astrología Esotérica se afirma [5]
«[…] Puede afirmarse, pues, que las fuerzas de:
- Cáncer-Capricornio-Saturno (que expresan la energía de Sirio) hacen posible que el aspirante recorra el Sendero depurificación o probación. […] Afluyen a través de la Jerarquía sobre las multitudes humanas, y permiten a la unidad, presente en esas masas, «aislarse, dar la espalda al pasado y encontrar su propio camino hacia ese sector del Sendero donde aprende a sentir».
- Géminis-Sagitario-Mercurio (expresiones de las Pléyades) permiten al Discípulo en probación pasar al sendero del discipulado aceptado. Se vuelve cada vez más intuitivo y perfectamente centrado, y la naturaleza de los pares de opuestos se vuelve más clara para él. […] «Avanza en ese Sendero en el que aprende a ver».
- Aries-Libra-Sol (expresando la Osa Mayor) producen en la existencia del discípulo esa concentración de energía que le permite recorrer el Sendero iniciático con intención consciente. […] Habiendo trascendido el sentimiento, identificado con la Visión percibida, conoce ahora el verdadero significado del ser.
Es un proceso triple que se puede describir con tres palabras: Sensibilidad, Iluminación, Inspiración”

Es con este valor que la idea de inspiración resplandece en el Vórtice 3.6 del Lambdoma Síntesis, publicada en estas páginas, con la siguiente definición:
La inspiración es la resonancia con la Realidad divina
Haciéndose eco de esa definición está este pensamiento:
«Callad, oh cuerdas, para que yo pueda captar otra melodía», se cantaba en los Misterios griegos. Este renacimiento de la armonía espiritual no es un «vacío», como a veces se dice. Abrir el corazón no significa arrasarlo; al contrario, cuando la última vibración del acorde se apaga, el fervor del espíritu se agudiza inmediatamente, a la escucha de armonías más perfectas.» [6]
En resumen y simplificando, la idea de inspiración nos habla de esencia espiritual, de renacimiento, de creatividad, en todos los ámbitos de la vida y «a coro», es decir, juntos en grupos ordenados, en la belleza del esfuerzo común.
Concluimos estas notas como las empezamos, con pensamientos del Agni Yoga:
«[…] ¿Cómo vive la Hermandad? ¿Cómo funciona? Desde Nuestra Morada lanzamos hilos creativos a los corazones, como inspiraciones para la humanidad.» [7]
«Urusvati, es agudamente consciente del valor creativo del hombre. Nosotros dirigimos la mente hacia la cooperación y la creatividad de los pueblos. Es hora de reconocer que la creatividad es la afirmación inspirada de su valor. En todo Nuestro trabajo siempre encontramos formas de despertar la creatividad más multiforme. No sólo los artistas, sino todo el pueblo debe cultivarla. […] Es casi imposible enseñar al hombre a crear con el pensamiento. No cree que las cuerdas musicales vibren en respuesta a corrientes mentales. No cree que los pigmentos secos compongan bellas figuras con la presión del pensamiento. Sin embargo, sabe que el ritmo forma dibujos en la arena, admira las figuras dibujadas por la escarcha y no se sorprende si un instrumento de cuerda vibra al son de sonidos lejanos. Pero los ritmos más poderosos son mentales, y son vibraciones creativas». [8]
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[1] Colección Agni Yoga, Hojas del Jardín de Morya II, § 24.
[2] Hoy se produce la conjunción heliocéntrica entre Saturno, Mercurio y Neptuno: la conjunción entre estas dos últimas Luminarias está asociada a la armonía del lenguaje. También se produce la conjunción entre la Tierra y el asteroide/Musa Euterpe.
[3] Evangelio de Juan, 3.8, edición C.E.I.
[4] F. Rendich, Diccionario etimológico comparativo de las lenguas indoeuropeas clásicas. Indoeuropeo-Sánscrito-Griego-Latín, Palombi Editori, 2010, p. XL
[5] Alice A. Bailey, Tratado de los Siete Rayos, Vol. Tercero, Astrología Esotérica, pp. 466-7
[6] Colección Agni Yoga, Mundo del Fuego I, p. 416
[7] Colección Agni Yoga, Jerarquía, § 29
[8] Colección Agni Yoga, Supramundano I, § 53


