«Reuniré bajo Mis Banderas a hombres nuevos. Dedicaos a reunir hombres y a construir Mi Templo con las manos». (Hojas del Jardín de Morya I, § 160)
Las banderas celestes que sostienen el apremiante llamamiento del Maestro, en la fecha de hoy, se llaman Saturno y Neptuno.
De hecho, la mirada terrenal (visión geocéntrica) se dirige hoy principalmente a la poderosa conjunción (1) entre el Señor de la Inteligencia creadora, Saturno, y el Señor de la Comunión, Neptuno, en el 1° de Aries, la resplandeciente Patria de las Ideas y promotora de todo Comienzo.
Para la Astrología Esotérica, Saturno y Neptuno son los dos Regentes esotéricos y jerárquicos del Eje cardinal Capricornio-Cáncer, Puertas de los Dioses y de los Hombres, por lo tanto, distribuyen el poder iniciático de la Cima/Luz espiritual para iluminar el Valle/Materia desde esa Primera Dirección y Fuente eléctrica de la Evolución (1° de Aries, signo conectado con la Estrella/Rishi Merak en La Osa Mayor, Prototipo y Fuente cósmica del 1.er Rayo de Voluntad-Poder).
La peculiaridad de Aries reside precisamente en proporcionar el primer impulso, ese impulso en el que la idea de iniciar cualquier actividad encuentra su origen y su incentivo. El impulso creador que Aries pone en marcha y que produce un movimiento análogo también en el círculo zodiacal, tiene su origen profundo en el Mundo de las Causas; Aries, de hecho, es «(…) la patria de las ideas, en realidad impulsos espirituales que toman forma, subjetiva y objetiva». (A.A. Bailey, Astrología Esotérica, ing. 92)
Aries es, por tanto, el vector zodiacal de este ardiente impulso vital; representa el poder que encuentra su expresión en el gran proceso creador; a través de él se adquiere la voluntad de hacer y la capacidad de crear; a través de él, la Humanidad puede ahora volverse hacia un nuevo comienzo lleno de energía y potencialidades aún inmaculadas; por medio de él, la Humanidad puede, finalmente, llegar a contemplar el mundo de las Ideas para extraer la energía necesaria para fecundar cada nuevo comienzo, estimulando al mismo tiempo aquellos procesos iniciáticos que se habían anclado en el alma humana en el Solsticio de diciembre en Capricornio.
Los efectos producidos y firmemente impresos en la sustancia espacial por la última conjunción heliocéntrica (2) de las dos Luminarias en Aries son conquistados y estabilizados ahora en la forma, permitiendo además que la tracción incesante del Imán, el Uno, se ejerza con cada vez mayor potencia y efectividad sobre toda la Humanidad.
«Las nuevas circunstancias son una oportunidad para nuevos vuelos» (Hojas del Jardín de Morya I, § 198), nos recuerda la Enseñanza.
La conjunción Saturno-Neptuno nos exhorta, por tanto, a «aprender a volar» en los cielos de la mente superior y, desde allí, a gobernar cada comienzo, dejando atrás la rigidez, la separación y la confusión para avanzar en el camino, tanto individual como planetario, con la claridad que Mercurio, en calidad de Regente esotérico de Aries, infunde en las mentes, conduciéndolas al umbral del mundo búdico, donde Urano, el Iniciador, Regente jerárquico de Aries, las consagra finalmente a la Maestría.
La Humanidad, impulsada y sostenida por la obra invisible, pero poderosa, de la Jerarquía, se encamina así hacia el lugar de la Comunión de Fuego, ese plano donde impera la «conciencia de grupo» y que representa la meta de esta vuelta evolutiva: «Llamo a Mí a los hombres sabios. Vendrán hombres nuevos y válidos. Y el árbol de la unión florecerá». (Hojas del Jardín de Morya I, § 304)
El desarrollo de los ciclos compuestos (3) de Saturno y Neptuno ofrece, cada vez, oportunidades para ampliar la visión interior; su encuentro actual (4) siembra en el espacio la fuerza creadora de la Ideación, la actividad psíquica que ordena en la luz los actos individuales del pensamiento (Saturno) y el bálsamo de la Idealidad, el impulso que conduce a la dimensión inmaterial del ser, a la Visión de la Realidad (Neptuno).
Las energías conjuntas del 3.er y 6.º Rayos, irradiadas por las dos Luminarias, reafirman la necesidad de una Humanidad sabia y colaboradora que sepa construir lo nuevo según principios áureos y que sepa poner su meta en el triunfo de la Comunión. «Es necesario oponer a los destructores el poder de la construcción. Aprended a llamar a otros, nuevos, que construyan. Así cumpliréis vuestra labor de unificación». (Hojas del Jardín de Morya I, § 358)
Como ya se ha destacado en estas páginas, la carta celeste de estos tiempos muestra además el luminoso triángulo que tiene como vértices, además de la pareja Saturno-Neptuno que actúa como eje central, a Plutón situado en los primeros grados de Acuario y a Urano, geocéntricamente aún en tránsito entre el final de Tauro y el comienzo de Géminis.
Plutón, de acuerdo con su naturaleza de 1.er Rayo, en Acuario limpia los residuos (5) provocados por el largo período de desestructuración en Capricornio, mientras que Urano, que en su estancia de siete años en Tauro ha promovido el descubrimiento de la Belleza y la Esencia ocultas en las profundidades de la Materia, ahora se extiende hacia la sustancia de Géminis, donde Mercurio, esta vez en calidad de Regente exotérico del Signo, acelera los procesos de comprensión y fusión (ayudado por Géminis, que transmite el 2.º Rayo), activando al mismo tiempo la acción áurea de Venus, Regente esotérico de Géminis, que impregna el espacio planetario con la fuerza constructiva y comprensiva del Intelecto de Amor.
El Templo planetario que la Humanidad está erigiendo ve así en el sitio su «frontón» sobre el que emerge poco a poco, con caracteres cada vez más claros y nítidos, la palabra que será el sello del futuro: «Hermandad».
Los nuevos se manifestarán en la acción.
Revelarán el escudo de la Belleza,
y llenos de amor abrirán las puertas a quienes llamen.
La tierra se hundirá bajo los pies del ciego y el sordo será destruido.
Envío una fuente viva para bañar ojos y oídos.
Y se cumplirá el Milagro,
Y un Puente de Belleza conducirá a un nuevo camino.
(Hojas del Jardín de Morya I, § 344)
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- Según la visión geocéntrica, la conjunción entre Saturno y Neptuno comenzó a ser efectiva a partir de la primavera de 2025 (Neptuno entró en Aries en marzo de 2025, seguido por Saturno en mayo). Debido a las fases de retrogradación de los dos Planetas, la conjunción se prolonga hasta la fecha de culminación de hoy (20.02.2026 a las 17:48 GMT), tras la cual comenzará la fase de separación de los dos Planetas.
- Saturno y Neptuno, desde el punto de vista heliocéntrico, se conjuntaron en Aries el 11 de diciembre de 2025.
- El ciclo compuesto entre Saturno y Neptuno tiene una duración de aproximadamente 36 años. La conjunción anterior tuvo lugar en la primavera de 1989 en Capricornio (¡Caída del muro de Berlín!), la próxima será en el verano de 2061 en Géminis.
- La conjunción de Saturno y Neptuno en el 1° de Aries no tiene precedentes recientes. Hay que remontarse al año 593 a. C. para encontrar la conjunción de las dos Luminarias en el 2° de Aries, el dato más cercano al actual, período que precedió al pleno fervor intelectual en el que se sentaron las bases de la filosofía y la cultura occidental y oriental con figuras como Pitágoras y los filósofos presocráticos, Gautama Buda y Lao Tse. En la era cristiana, la conjunción más reciente, aunque en el 11° de Aries, tuvo lugar en el año 1703.
- Recordemos a este respecto que el trabajo de Hércules relacionado con el signo de Acuario consiste precisamente en limpiar los establos del rey Augías de la suciedad que se había acumulado durante largos años de abandono. Hércules lleva a cabo la hazaña haciendo fluir el curso de dos ríos dentro de los establos para que la potente corriente de agua arrastre todos los residuos. Simbólicamente, este trabajo se refiere a la acción de limpiar el mundo, dando una dirección correcta a las fuerzas de la vida que operan en él; al eliminar las barreras (mentales, emocionales, físicas), se permite el flujo del Agua de Vida que brota incesantemente de la jarra de Acuario.





