Interconexión global y transformación

En las últimas décadas, a medida que la población humana ha ido creciendo y los recursos del planeta se han ido agotando, nuestra capacidad para trabajar, vivir y pensar colectivamente ha cobrado cada vez más importancia y, sin duda, se ha vuelto cada vez más inevitable.
La ciencia materialista ha supuesto un salto evolutivo desde una actitud mental que recurre a la autoridad religiosa para verificar las verdades, hacia una visión de la realidad basada en el análisis objetivo. En esta era de rápidos cambios, ha llegado el momento de dar otro salto, que incluirá, además de la investigación sobre datos objetivos y verificables, el estudio riguroso de la experiencia subjetiva, interior, y la investigación científica sobre el mundo de la conciencia.
Desde una perspectiva global, cada vez somos más conscientes de que vivimos en una era en la que la transformación está en pleno apogeo en todo el planeta y en muchos frentes: personal, colectivo, espiritual, social, económico y científico. Una parte cada vez mayor de la población está reconociendo que las formas habituales de pensar y actuar tendrán que cambiar en breve, o nos arriesgaremos a sufrir consecuencias catastróficas:
«Las acciones humanas están empobreciendo el capital natural de la Tierra, causando un daño tan grave al medio ambiente que la capacidad de los ecosistemas del planeta para sustentar a las generaciones futuras ya no podrá mantenerse por mucho más tiempo». (Naciones Unidas, Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, 2005)
Existen indicios de un cambio global en los valores y en la «visión del mundo» capaz de generar transformaciones profundas. Las comunidades locales y los grupos internacionales proponen una nueva perspectiva del desarrollo y de los derechos humanos; el mundo, más pequeño y «en red», exige nuevas formas de relación, basadas en la fraternidad. Al mismo tiempo, somos cada vez más conscientes de que estamos limitados por formas restringidas de concebir el planeta y el potencial humano; estas limitaciones, heredadas del pasado, pueden hacernos incapaces de hacer frente a los cambios, si no hemos desarrollado flexibilidad, capacidad de «pensamiento lateral», visión, confianza e imaginación creativa:
«Nunca cambiarás las cosas luchando contra la realidad existente. Para cambiar algo, construye un nuevo modelo que haga que el modelo existente quede obsoleto. (Buckminster Fulle)
Cuando desarrollamos y aplicamos nuestros rasgos positivos, o «fuerzas evolutivas», a las diferentes dimensiones de nuestra vida —el trabajo, las relaciones, las actividades creativas—, nos damos cuenta de que vivimos una vida más auténtica. Y cuando utilizamos estas fuerzas al servicio de una Causa mayor, que trascienda nuestro pequeño yo individual, vivimos una vida verdaderamente significativa, que podría definirse como «feliz».
Desde un punto de vista individual, la transformación no consiste solo en un cambio de la persona, sino en un cambio de perspectiva; es una metamorfosis de la conciencia y de la visión del mundo que afecta a la relación con uno mismo, con los demás, con la cultura, la naturaleza y lo divino. Muchos aspirantes a investigadores, ante la evolución de la situación de la humanidad, tanto en su interior como en sus relaciones con el medio ambiente y con el cosmos, se ven cada vez más a menudo obligados a afrontar problemas éticos y espirituales, es decir, a abordar dimensiones «interiores», incluso en campos considerados «exteriores», como la física, la biología, la química, casi como si la dimensión de lo «interior» y la de lo «exterior» convergieran y debieran considerarse ya como interconectadas, requiriendo, por tanto, una atención unitaria.
En esta era repleta de acontecimientos a menudo únicos, surgen grandes capacidades para desarrollar el potencial individual y grupal, así como el de la humanidad en su conjunto, ya que la tendencia principal del mundo es, si se observa con atención, la de manifestar los grandes bienes que encierra en sí mismo y que aún no se han revelado. De ello se deriva una responsabilidad, tanto personal como colectiva, quizá nunca antes tan grande en la historia. De ahí surge el nacimiento de nuevos modelos de pensamiento y de sentir, menos parciales y formales y más holísticos y fraternos; marcos organizativos, sociales y económicos de nueva concepción, basados en la participación y el compartir; formas de actuar inspiradas en el Amor inteligente y en la Inteligencia amorosa.
Es necesario que cada vez más personas y grupos formen una «masa crítica» tan amplia y compacta que:
- impida para siempre el retroceso hacia modelos inspirados en el miedo, el individualismo, el acaparamiento y la codicia;
- garantice la consolidación de los conceptos de Servicio y Fraternidad en la conciencia del mayor número posible de seres humanos.
Células del Todo
Es mediante la entrega de uno mismo como se disolverá el ego, con su séquito de vanidad, superficialidad, falsedad, codicia, arrogancia, materialismo, crueldad y estrechez de miras; entonces seremos cada vez más sensibles al grito de dolor de la humanidad y sabremos responder a él con solicitud y fervor, evitando respuestas emocionales y efímeras que a menudo no aportan ayuda, sino confusión.
En el Sendero, el individuo despierto lleva una vida de moderación y vigilancia en todo y se convierte, mediante la activación constante del «testigo silencioso interior», en dueño de sus propios pensamientos, cada vez más impregnados de Pureza:
«¿Qué es la pureza? Al contrario de lo que muchos piensan, no tiene que ver tanto con la cuestión sexual; la sexualidad no es más que un aspecto limitado de ella. Existen otras formas de pureza más elevadas, más esenciales. La verdadera pureza se encuentra, ante todo, en los pensamientos, los sentimientos y los deseos: es una virtud que consiste en no guardar solo para uno mismo lo bueno que se posee. De todo lo que se aprende y de todo lo que se adquiere hay que intentar que los demás se beneficien de alguna manera.
En cuanto a la impureza, equivale al egocentrismo en todas sus formas. Querer ser puro para protegerse y salvarse mejor no es aún pureza. Quien es verdaderamente puro busca la pureza con el único fin de poder dar mejor a los demás, y darles únicamente lo más precioso que posee. Solo quien ha trabajado para alcanzar esta pureza es digno de recibir la Iniciación». (Omraam Mikhaël Aïvanhov, Pensamientos cotidianos)
Paralelamente al desarrollo de las cualidades superiores, la Pureza y el «Sacrificio» se revelan cada vez con mayor claridad como actitudes «obvias» y naturales para el alma madura, que aspira a la evolución del Todo; esto se hace patente en una actuación solícita y benevolente hacia la humanidad, ya que surge de la visión de que «la Vida es una» y de que el servicio recíproco, que opera como ley del Universo, permite que lo existente se manifieste en una gran red de interacción.
Desde esta visión, comprendemos que hay que tomar al pie de la letra el conocido dicho «Quien daña a los demás, se daña a sí mismo»:
«Daos cuenta de que sois el vehículo de toda la humanidad, considerad a la humanidad como una parte de vosotros mismos y actuad en consecuencia». (H. P. Blavatsky)
En este trabajo, nos sostiene la conciencia de que cada uno de nuestros avances repercutirá en toda la humanidad; todo lo que se piensa, se siente, se hace —y en lo que uno se convierte— «es uno y es propiedad común de toda la humanidad», afirma H. P. Blavatsky.
Si imaginamos a la humanidad como un recipiente lleno de agua transparente y a los individuos como líquidos de colores, es como si cada uno de nuestros actos o pensamientos, pequeñas gotas de líquido de color, al mezclarse con el agua de todo el recipiente, la tiñeran, gota a gota, cambiando lentamente su coloración general. Al final del proceso, toda la masa de agua habrá cambiado por completo su color original, que se habrá convertido ahora en el resultado de todas las pequeñas aportaciones de los distintos líquidos de colores.
Cuando el ser humano, pequeña gota de agua en el océano de la vida, toma conciencia de su responsabilidad, se abre a la compasión y al altruismo, y comienza a aportar colores resplandecientes y luminosos a toda la Manifestación.
Entonces se da cuenta de que tendrá que trabajar aún más intensamente en sí mismo, ya que:
«Cuando una idea nueva, cuando un nuevo viento de cambio debe transmitirse a toda la humanidad, es esencial la preparación psicológica de quienes quieren trabajar para lograrlo. Si esas personas no están preparadas desde el punto de vista psicológico, no solo no lograrán ofrecer lo que quieren proponer, sino que, por el contrario, sus esfuerzos podrían tener efectos exactamente opuestos» (Osho, Lo eterno en el tiempo).
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Este artículo se publica el día de la luna nueva de Virgo, signo de la Madre del Mundo, en cuyo cáliz ardiente vertemos pensamientos de unión constructiva en las mentes humanas


