El Septenario de la Curación Esotérica; Introducción

Para la visión esotérica, «todo el arte de curar está íntimamente relacionado con el desarrollo y el control de los siete centros principales» (La Curación Esotérica, A. A. Bailey; pp. 97-8, Ed. Sirio; vers. ingl., p. 80), porque, una vez despiertos y armonizados entre sí, son los agentes de transmisión de la Tríada Espiritual, es decir, la Voluntad, el Amor y la Sabiduría del Alma a través de la Acción inteligente en los tres mundos de la Personalidad (cuerpos mental, emocional y etérico/físico).

En efecto, el supuesto esotérico indica que el Uno trino superior siempre se irradia de manera septenaria en la sustancia de las formas, en todos los niveles, macro- y microcósmicos:

«Misteriosamente, las tres energías principales se manifiestan a través de los siete rayos, así como todos los ternarios se subdividen en septenarios, pero conservando su identidad.» (Astrología Esotérica, A. A. Bailey; vers, ingl. p. 595)

«La Vida rige el Espacio a través de un sistema de Siete Centros

«Como es arriba es abajo», existe una correspondencia analógica esencial entre los Siete Rayos de la Vida, las Siete Luminarias sagradas, los Siete Reinos planetarios, los Siete tipos humanos, los Siete Centros etéricos humanos, las Siete Glándulas:

1. Mineral base de la columna vertebral Glándulas suprarrenales
2. Vegetal centro del corazón Timo
3. Animal plexo solar Páncreas
4. Humano centro sacro Gónadas
5. Egóico centro laríngeo Tiroides
6. Planetario centro Ajna Cuerpo pituitario
7. Solar centro coronario Glándula pineal

«(…) en esencia —y a través del organismo etérico—, el hombre es parte integrante de un Todo grande y vibrante; (…) por evolución, puede percibir en todos los planos de la manifestación divina. Solo cuando el cuerpo etérico es puesto en acción por el alma y las fuerzas impartidas por ella, por la mente y temporalmente por el cuerpo astral, el hombre toma conciencia de todos los mundos, de todos los fenómenos, de todos los niveles de conciencia, y se abre así a esa omnisciencia que es la herencia de todos los hijos de Dios.

Sin embargo, durante el proceso formativo, la falta de desarrollo, la incapacidad de registrar, así como el propio trabajo de despertar y organizar los centros, colocándolos en correctas relaciones recíprocas, provocan muchas dificultades. De ahí esas dificultades que, llegadas a lo físico, desembocan en diversas enfermedades, tensiones y congestiones, desequilibrios en la actividad y estimulación de los diversos centros.

En la medicina actual se habla mucho de “desequilibrios” del sistema glandular endocrino, a los que se atribuyen muchas enfermedades. Pero estas dependen de un estado similar de los propios centros. El equilibrio será perfecto y esas glándulas regularán al hombre físico de la manera correcta, solo cuando se comprenda mejor la idea de fuerza y de su recepción.

Algunos problemas deben ser investigados y abordados con urgencia:

1. La adecuada recepción de la fuerza a través del centro apropiado. Un ejemplo de ello puede hallarse en el correcto control del centro plexo solar, por cuyo medio la sensibilidad astral puede ser registrada y debidamente manejada.

2. Cómo conectar adecuadamente entre sí un centro y su glándula relacionada, facilitando el libre intercambio de fuerza de uno a otro, con influencias beneficiosas sobre las hormonas y el torrente sanguíneo. Si se reflexiona sobre esta secuencia de contactos, se comprenderá mejor el valor oculto de aquel dicho del Antiguo Testamento que dice que “la sangre es vida”. La fuerza vital se introduce desde el cuerpo etérico en el torrente sanguíneo a través de un centro particular —que reacciona a una de las siete grandes fuerzas— y la glándula correspondiente.

Es evidente la estrecha relación entre:

a. El cuerpo etérico, como trasmisor de un vasto conglomerado de energías y fuerzas.

b. El sistema endocrino, cuyas diversas glándulas son en realidad la exteriorización o materialización de los centros mayores y menores.

c. El corazón, que es el centro de la vida, así como el cerebro es el de la conciencia. Desde el corazón la sangre circula y es controlada. Estos tres grandes sistemas están relacionados.

d. Todo el sistema glandular con el sistema nervioso, por medio de la red de nervios y “nadis” que subyacen en esta red. Estos nadis son hilos de fuerza vital que fundamentan cada parte del cuerpo y particularmente todos los aspectos del sistema nervioso.

A estas relaciones puede añadirse otra: los intercambios mutuos que deben crearse entre todos los centros, para permitir la circulación perfecta y rítmica de la fuerza por todo el cuerpo físico.

Existen, por tanto, una serie de complejos rectores principales, en relación recíproca, que controlan, o no, el vehículo corporal.

Cuando hay falta de control, se debe a la deficiencia de relaciones adecuadas dentro del organismo o a la inmadurez evolutiva. Tales grupos interrelacionados son:

  1. El cuerpo etérico, que actúa principalmente a través de sus siete centros principales y también por medio de muchos otros centros.
  2. El sistema endocrino, que trabaja primordialmente a través de los siete grupos glandulares mayores y de muchas otras importantes glándulas menos.
  3. El sistema nervioso (el simpático y el cerebro-espinal), con su peculiar énfasis puesto en el nervio vago y su efecto sobre el corazón y en consecuencia sobre la corriente sanguínea.

Todos estos puntos deben ser considerados y correlacionados en cualquier sistema de curación esotérica; y la parte técnica que debe abarcar es, en último análisis, menos intrincada que el vasto sistema erigido por la medicina y la cirugía ortodoxas. Debido a la falta de coordinación de estos tres sistemas, el arte de la curación no ha podido realizar todo lo que desea. Mucho ha hecho, pero debe dar otro paso hacia el plano etérico antes que pueda descubrirse la verdadera clave de la enfermedad y su curación.» (La Curación Esotérica, A. A. B.; pp. 100-104, Ed. Sirio; vers. ingl., pp. 83-86)


 

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