El Poder curativo del Sacrificio

Hoy celebramos la conjunción heliocéntrica (que se produce a intervalos de tres meses) entre Mercurio y Plutón, ambos asociados a los poderes reunificadores y taumatúrgicos. En esta fecha es propicio sembrar ideas, fórmulas y formas de pensamiento en torno al tema de la Curación.

Mercurio representa la energía de la conexión armónica (4.o Rayo), y como tal es capaz de traer la energía del fuego eléctrico al plano físico, hasta la materia más profunda, simbólicamente representada por el reino oscuro de Hades/Plutón.
La luz de la Inteligencia amorosa, del pensamiento generado a través del Amor, la expresión pura del Plano búddhico donde opera Mercurio y donde mora la esencia de la 4.a Jerarquía (la humana), desciende, a través del vuelo “alado” de la Luminaria de la Armonía curativa, a toda forma, y la transfigura, regenerándola.

Plutón —la profundísima Conciencia celeste que destruye para liberar— en el encuentro con Mercurio desata el poder del 1.er Rayo que elimina toda resistencia y conduce a la luz excelsa: «El primer Rayo destruye la muerte, ya que la muerte no existe en realidad; esta idea forma parte de la gran ilusión; (…) es “un producto de la imaginación”. Piensen en ello. La eliminación de la muerte y la destrucción de la forma es la obra del primer Rayo, pues ciertamente produce la muerte de la negación e inaugura la verdadera actividad. Es esa energía la que se puede llamar “incentivo divino”. Es la vida en la semilla la que subsecuentemente destruye todas las formas para permitir la realidad del fruto. Esta es la clave del primer Rayo. Es la Voluntad que produce el inicio. En lo que concierne a la humanidad, su máxima expresión es la iniciación. (…) El 1.er Rayo incita a la iniciación y la determina.» (1)

Por lo tanto, hablar de curación también significa hablar de liberación e iniciación. La iniciación en la voluntad del alma, primero, y en la mónada (el espíritu) después; y liberación no solo del dolor físico o psíquico y de la muerte, sino también, y en este momento sobre todo, de las ilusiones, de los espejismos, del separatismo que engaña y distorsiona la realidad y mantiene el alma confinada en las oscuras mallas de la materia.

«Hay males peores que la muerte y el dolor. Esta es la hora de la mayor oportunidad de la humanidad; y si vence (con la fuerza de su alma) este mal presente, su evolución se acelerará más allá de lo que se creía posible. Será una liberación iniciada y realizada por sí misma, y ​​que cuenta tanto en la vida de la humanidad como en la del discípulo individual. Esta oportunidad no debe perderse. Los valores espirituales y eternos conquistados son mucho más importantes que la angustia temporal. Cuando piensan en Nosotros, en Nuestros así denominados refugios, ustedes no pueden imaginarse cómo la capacidad de identificarnos con el dolor del mundo y la sensibilidad ante la infeliz condición humana hacen de Nuestra tarea de soporte una suprema angustia espiritual. Comprendemos las profundidades de la reacción humana, porque somos uno con todos los hombres. Es una inclusividad mucho mayor que no pueden comprender, y solo puede expresarse diciendo “identificación”.» (2)

«El arte del sanador es liberar las energías del alma.» «En el futuro, la verdadera curación se logrará al permitir que la vida del alma fluya libremente y sin obstáculos en todos los aspectos de la forma. Entonces, ella infunde su poder vital y elimina las congestiones y obstrucciones, que son las causas fértiles de las enfermedades.» (3)

Por consiguiente, la liberación, la curación y la iniciación están estrechamente interrelacionadas y también muestran una íntima conexión con el sacrificio.
Las iniciaciones tienen como objetivo liberar la conciencia de las identificaciones erróneas y aprisionantes con los planos inferiores y los estados más groseros de la materia, transfiriendo la identidad a esferas cada vez más amplias.

Este proceso permite a la conciencia, paso a paso, iluminar e impregnar completamente la materia y regresar así a la fuente de la que procede.
«Cuando la luz ilumina la mente de los hombres y estimula la luz secreta inherente a todas las demás formas, entonces Aquel en quien vivimos revela Su Voluntad iluminada, secreta y oculta.» (4)

Los procesos de curación se dirigen primero a liberarse de la malignidad de un plano de sustancia (físico/etérico o astral o mental inferior) y luego a dominar el plano en sí, es decir, dominar toda la materia de una esfera permaneciendo voluntariamente en ella hasta que los “prisioneros del planeta” que aún sucumben a la ilusión y la nubosidad —inmersos en el sufrimiento y el dolor, que claman por la curación y la liberación— se liberen por completo.

«A los que están rodeados por las llamas del dolor (que son muchos) de la angustia, la ansiedad y la desolación —y que tratan de mantenerse firmes— les digo que lo que parece no siempre es real; aquello que desgarra y destroza muchas veces la vida de la personalidad es un agente de liberación, si se lo comprende correctamente. Cuando las Fuerzas de la Luz hayan dispersado las tinieblas del mundo, surgirá la naturaleza del espíritu humano inmortal.» (5) 

La “liberación”, o curación, se produce, por lo tanto, a través de un “sacrificio” (sacrum facere) que purifica, cura y eleva la forma restableciendo la identidad original de Espíritu y Materia.

«Bajo esta Ley de Sacrificio, Sanat Kumara [la Personalidad de nuestro Señor o Logos planetario] (para expresar la idea en términos ocultos) “debe volver su Espalda hacia el Sol Espiritual Central, y con la Luz de Su semblante irradiar el camino de los cautivos del planeta”. Se condena a sí mismo a permanecer el tiempo que sea necesario, “actuando como el Sol y la Luz del planeta, hasta que el Día esté con nosotros y la noche del Pralaya descienda sobre Su tarea completada”. Así, y solo así, la Luz del Sol Espiritual Central puede comenzar a penetrar en los lugares oscuros de la Tierra; entonces, todas las “sombras desaparecerán”, una referencia oculta al resplandor de la mónada que lo incluye todo, absorbiendo su reflejo, el alma, y su sombra, la personalidad. El iniciado, en su nivel, alcanza la expresión correspondiente a la Ley del Sacrificio; finalmente, él da la espalda a las cortes de Shamballa y al camino de la Evolución superior, cuando mantiene su contacto con la tierra y trabaja como Miembro de la Jerarquía para la difusión de la “voluntad de bien” entre los hombres y, por lo tanto, entre las evoluciones inferiores.» (6)

El Cristo, el Corazón del Sol y el actual Cabeza tanto de la Jerarquía como de Shamballa, Uno con el Padre (el Sol Espiritual Central), es el ejemplo de la entrega sin reservas, el ejemplo del sanador perfecto que evoca el poder liberador del alma, el ejemplo del sacrificio realizado para alcanzar lo que se considera más esencial y abrir un camino iniciático para que todos lo sigan.
De este modo, el sacrificio se convierte en un don gozoso de uno mismo, se convierte en gozo; «¿de qué valdrían el poder y el sacrificio sin el gozo?» (7)

En su obra futura, Cristo, como dice la Biblia, intentará «sanar a las naciones» para que la Humanidad se reconozca como Una y se cure del mal del separatismo.
Los Vedas también nos hablan, en primer lugar entre los textos sapienciales, de la importancia del sacrificio, entendido no solo como la autoinmolación primigenia de Prajapati que, en términos míticos, da vida al Ser, y a los seres, con su propia sustancia, sino también como la forma de “curar” la sustancia y, por tanto, a nosotros mismos de las incrustaciones que oscurecen su luz, garantizando al mismo tiempo el orden universal.
«Prajapati se donó a sí mismo a los dioses. Su sacrificio verdaderamente se convirtió en el sacrificio de ellos. El sacrificio es, por tanto, el alimento de los dioses. Cuando se donó a los dioses, dio una imagen de sí mismo, que es el sacrificio (…).» (8)

El sacrificio es, por tanto, la espiritualización continua y dinámica de los planos de sustancia de los que se compone la realidad, incluidos nosotros, la consiguiente espiritualización de la Humanidad y la posibilidad de la manifestación salvífica y curadora de la propia Humanidad.

«También se le ha llamado “El sabio que hace el sacrificio que todo lo sustenta (…)”, ya que el sacrificio es con absoluta certeza aquello por lo que se sostiene el mundo entero y los que lo realizan son los sabios.» (9)

«¿Con qué poder te afirmarás?
¿Cómo llevarás a cabo Nuestra Obra?
Por el Poder que emana de Nosotros.
Debería hablar de poder, cuando cada locura,
ignorancia y vanidad lo buscan?
Pero yo digo y afirmo que Nuestro Poder es diferente.
Nuestro Poder es el sacrificio.»

 (Hojas del Jardín de Morya I, “Llamamiento”, § 353)

 «El Sacrificio es el poder del Amor.»


Notas:

1- Astrología Esotérica, A. A. Bailey; vers. ing., pp. 596-7 y 605.
2- El Discipulado de la Nueva Era I, A. A. Bailey; vers. ing. p. 101.
3- Curación Esotérica, A. A. Bailey; vers. ing. pp. 5 y 17.
4- El Discipulado de la Nueva Era II, A. A. Bailey; vers. ing. p. 315.
5- El Discipulado de la Nueva Era I, A. A. Bailey; vers. ing. p. 101
6- El Discipulado de la Nueva Era II, A. A. Bailey; vers. ing. pp. 287-8.
7- Hojas del Jardín de Morya, “Llamamiento”, § 357.
8- Satapha-Brahmana, XI, 1,8, 2-4.
9- Ídem, IX, 2,3,27.


 

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