Yo soy tu Fuerza

Piensa en las estrellas, que continuamente arrojan luz sobre la humanidad. Sean así y den amor, sabiduría y conocimiento. Solo cuando se ha dado todo, se puede recibir. (Hojas del Jardín de Morya I, “Llamamiento”, § 323, Agni Yoga)

Hoy celebramos la alineación en el plano de la eclíptica de la polaridad Sol, Tierra con Régulo, que es una de las cuatro Estrellas reales en los cielos, extraordinariamente brillante, que pertenece la constelación de El León. «Su nombre es, precisamente, Régulo, el Regulador, el Legislador; un término que expresa la idea de que el hombre puede ser la ley de sí mismo, ya que dentro de él está el rey, el gobernante. Las influencias de Sirio, que son tres, se concentran en Régulo, una estrella de primera magnitud a menudo llamada el Corazón del León.» (Astrología Esotérica) o, de hecho, la Estrella de la Ley, asociada a la Fuerza o la voluntad de manifestarse según la Regla celeste y la ciencia de la proporción áurea del Quinto Rayo.

¡Que la Fuerza del Amor universal sea la única Ley!

El gozo de ustedes es el Nuestro. Cuando la flor encantada de la ternura florece en la tierra, nace una nueva estrella en el Infinito. Innumerables son las estrellas. La Vía Láctea de la felicidad rodea todos los mundos. (Hojas del Jardín de Morya I, “Llamamiento”, § 334)

Yo soy tu Fuerza.

Esta frase es la quinta de las siete Afirmaciones con las que el Maestro del Agni Yoga inició el Llamamiento para reunir a sus discípulos, esparcidos por todo el mundo; y, en su grandeza y sencillez, estas siete frases conducen nuestros corazones directamente al Infinito. Parece que el límite de la separación se desvanece de la conciencia y que esa puerta de entrada es también practicable para tantos otros corazones que están cautivos de la forma:

Yo soy tu Bienaventuranza.

Yo soy tu Sonrisa.

 Yo soy tu Gozo.

 Yo soy tu Reposo.

 Yo soy tu Fuerza.

 Yo soy tu Valor.

   Yo soy tu Sabiduría.

El Cielo es una fuente ilimitada de Energía que los hombres saben transformar en Fuerza y símbolo de Comunión, consciente o inconscientemente, conectando el corazón con el Cielo, según el grado de comunión de cada uno; y a este respecto, recordemos que el propio Cristo, cuando tenía necesidad, siempre la buscaba, simplemente, mirando al Cielo.

Un ejemplo, entre muchos, es el versículo 14:13-21 del Evangelio según San Mateo:

«Y habiendo mandado a la multitud que se sentara sobre la hierba, tomó los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, impartió la bendición, partió los panes y los dio a los discípulos, y los discípulos a la multitud. Todos comieron hasta saciarse, y se llevaron los trozos sobrantes: doce cestos llenos.»

En general, el hombre se limita a desear emocionalmente sin saber dirigir la Fuerza del deseo, que controla los procesos del devenir, y así permanece atascado en los meandros de la personalidad. En cambio, cuando el hombre aprende a recurrir al Poder, en la medida adecuada al grado de su Comunión, aumenta sus capacidades creadoras.

«La Sustancia, es decir, el Espacio, es decir, el Infinito, es decir, la Madre del Mundo, “es la gran fuerza creadora de nuestro ser”.»

(Infinito I, § 38, Agni Yoga)

En el Año 6.2 —dedicado al Espacio, al Infinito, al Principio crístico del Amor-Sabiduría y a la Madre del Mundo como Bases de la Nueva Religión Mundial— la «nota de la siembra estelar» (eje Sol-Tierra alineado con las Estrellas Maestras de los Siete Rayos) es la de las siete Afirmaciones que abren las Enseñanzas del Fuego del Corazón* y describen admirablemente las cualidades de las siete Energías divinas, los Siete Rayos.*

«Las siete estrellas de La Osa Mayor son las fuentes de los siete rayos de nuestro sistema solar. Esos siete Rayos se expresan a través de los siete Logoi planetarios que los representan y de los cuales son el Prototipo cósmico. A su vez, los siete Logoi planetarios se manifiestan a través de los siete planetas sagrados. Cada uno de los siete Rayos llega al Sistema Solar atravesando tres constelaciones y por los planetas que las rigen.» **

El Amor debe ser considerado como la Energía y la Fuerza del universo y del Sistema Solar que provoca y produce cambios poderosos y vitales en la existencia —no es sentimiento, ni emoción, ni deseo—. El Amor es la fuerza que guía los mundos y los conduce hacia la unidad y la inclusión, pero sigue siendo difícil de practicar debido al egoísmo inherente a la naturaleza humana que lo traduce como deseo.

El Amor es la Fuerza que religa todo Ser, desde el Cosmos hasta los átomos.

«Más allá de las correlaciones, existentes en el tiempo y en el espacio, entre La Osa Mayor, Las Pléyades, Sirio y nuestro sistema solar, una inmensa serie de triángulos concatena —recordemos— las estrellas que componen, en su interior, esas constelaciones y este sistema solar. Por lo tanto, son relaciones que conectan: 1. Las siete estrellas de La Osa Mayor; 2. Las siete estrellas de Las Pléyades, a veces llamadas “hermanas” o “esposas” de los siete Sabios que dotan de su propia naturaleza La Osa Mayor; 3. El sol Sirio. Son grandes triángulos de fuerza, todos contenidos dentro de la esfera de vida de ese gran Ente que manifiesta Su intención a través de estos tres grupos interconectados y de nuestro sistema solar. Como dije en el Tratado sobre el Fuego Cósmico, se trata de cuatro grupos de estrellas, que juntas constituyen la “personalidad” de una Vida excelsa e ignota.» ***

Y el Alma, la correlación entre el Espíritu y la Materia, es el árbitro entre esta dualidad, el principio intermedio, el vínculo entre Dios y su forma. El Alma es, pues, otro nombre para el Principio crístico, tanto en la naturaleza como en el ser humano, esa Fuerza de atracción en el universo manifestado que, cuando se activa, mantiene unidas todas las formas, guía a todas las criaturas de Dios para que progresen por el camino de la evolución, de un reino a otro, hacia una meta magnífica.

Las formas pueden nacer y morir, mientras que la Fuerza vital permanece, y anula la forma inadecuada o la utiliza, cuando es adecuada, para el desarrollo del Plan evolutivo.

El Corazón del Cosmos lo abarca todo, desde lo pequeño a lo grande, hasta el punto de que hay que reunir todo el poder del espíritu para comprender su grandeza. No se rechaza a nadie; todo está contenido. El Universo es un reflejo de lo divino, y en cada chispa brillante se halla la energía sublime.

En el Respiro y en el Cosmos, el Corazón de la Humanidad Una (la Tierra) canta las siete Afirmaciones del Maestro (el Sol) y las irradia infinitamente. Como Servidor planetario, estamos en el Corazón del Cristo, y podemos participar de la Naturaleza divina, de la inmortalidad, del esplendor y del poder de las Estrellas del Espíritu.

«Esas luces son el poder del Cielo, que ama y da libertad. No están ni cerca ni lejos; son el pueblo del Cielo.» (E. Savoini)

Como hemos dicho, el Espacio es Amor y, a pesar de la estrechez que nos rodea, a veces los hombres, al encontrarse en vastos espacios naturales, vislumbran el sublime y encantador Amor divino que les invita a amar y respetar el origen de tanta belleza y armonía. Seguramente en un futuro próximo —y ya hay indicios de ello—, la humanidad aprenderá a vivir observando el Espacio, siguiendo sus leyes y agradeciendo su incesante, amorosa y paciente hospitalidad.

En el Infinito, el proceso creador es libre y abierto a todos, de acuerdo con la Ley. La presencia del Imán, que se refleja en el corazón, permite que se convoquen las energías necesarias para que la atracción universal guíe y reúna lo que es concordante y, aunque en el nivel humano la acción creadora tiene lugar en su mayor parte inconscientemente, no pierde su valor, sino que, cuando la Fuerza creadora coopera, puede construirse según una intención clara y precisa.

El hecho estupendo reside en la orientación a volver a la Fuente, el retorno a la unidad, sostenida por el Imán que convierte a los muchos en el Uno según la ley “lo semejante atrae a lo semejante”. En todo el Universo, una Fuerza tiende continuamente a unir y amalgamar todo lo que se parecen; y las afinidades crecen de ciclo en ciclo, superando la discordia.

El impulso de unir es la Fuerza más poderosa, y es la Sabiduría cósmica.

La Fuerza del Amor fue el impulso para que se llevara a cabo la manifestación. Es el Amor que guarda cuidadosamente todo, es el amor que perfecciona todo lo que existe y lo conduce por el camino del Retorno.

El Maestro Tibetano le dio a un discípulo una poderosa frase para que repitiera en momentos de abatimiento:

«Estoy en el centro de todo amor, donde nada puede tocarme, y desde este centro me expandiré para amar y servir.»

A medida que avanza la evolución, el amor se muestra como una expansión gradual, pasando por todas las etapas hasta llegar a la etapa espiritual, la grupal, que es más importante o inclusiva que las relaciones personales, aunque estas también siguen siendo exaltadas.

El poder que puede salvar al mundo es la precipitación del Amor, no hay separatismo, sino solo identificación con el corazón del amor; cuanto más se ama, tanto más amor puede llegar al Todo. ¡Convirtámonos en un centro poderoso y palpitante de Amor universal!

«Deja que el corazón sea tu juez y la fe tu fuerza. (Hojas del Jardín de Morya, “Llamamiento”, § 15)

Aprende el poder del espíritu; su fuerza es inagotable.

La palabra es solo la parte más pequeña.
Así como el huracán es solo el ímpetu de la explosión,
así como la nieve es solo el mensajero del frío,
así como el relámpago es solo el ojo de la tormenta,
así, la palabra es solo el polvo que ha sido levantado por el soplo de un pensamiento creador.

La fuente del pensamiento brilla en los ojos felices.
Y el acorde de la tensión resuena en el oído sensible.

La comprensión del Principio y de lo Eterno colma cada corazón.

(Hojas del Jardín de Morya, “Llamamiento”, § 269)


La Ritualidad Solar y las Efemérides del año 2023.

** Astrología Esotérica, A. B. B.

*** Astrología Esotérica, A. B. B.


 

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